Un poema visual

Todas las palabras que siguen sobrarían si ayer hubiera tomado una foto. Pero no pude. Tenía el ubicuo móvil con cámara, una radiante mañana de viento y el tiempo que sobra en el cementerio. Pero no pude. Así que imaginad una lápida de mármol negro, recortada contra un cielo límpido. En la base una placa de acero nos informa que allí yacen los restos de un hombre nacido en 1967 – como yo – y que murió el año pasado. Pero no lo habréis visto hasta después. Después de que hayáis bajado la mirada de lo que realmente os ha llamado la atención: encastada entre la piedra y la cruz brillante, a la altura de los ojos, un tarjetón de los que venden en las papelerías, todavía con su envoltorio de celofán, todavía con una cinta rosa, que ya se va deshilachando, todavía con todos los colores de sus letras multicolores, todavía con su leyenda: “Feliz día del padre”. No se me ocurre mejor elegía, que diga tanto con tan pocas palabras. Con las que no sobran.

Unos que nacen, otros morirán (J. Iglesias)

Sustos informáticos propios aparte, en los últimos tiempos había detectado una serie de coincidencias en torno a un mismo tema que no dejaba de preocuparme – relativamente, con los tiempos que corren, claro – a saber:

Juan Antonio, el segundo bloguero que “conocí” y seguí, cerró e hizo desaparecer inopinadamente su “Donde el olvido”, sin más explicaciones.

La Comtessa d’Angeville ha tomado la misma determinación y, aunque no ha borrado su blog, ha publicado la que parece su última entrada, que ha titulado muy significativamente “Bye”.

Ossip no publica ni aunque le prometa cena y cine – estoy empezando a valorar ofrecerle sexo, pero hace demasiado que nos conocemos –.

El Hombre-Topo, del “en cerrado” proclamaba hace unos días la muerte de los blogs a favor de los pensamientos cortos y el montárselo socialmente, aunque también expresaba su voluntad contracorrentera de mantenello pese a (y por) todo.

O sea, que además de aguantar los tiempos que corren, me veía perdiendo uno de los pequeños espacios que me producen placer en estos días de zozobra y descoloque. El fin de los blogs, tal y como los conocemos, parecía próximo.

Pero afortunadamente no todo parece perdido:

Meryone – mi primera bloguera – se ha trasmutado en Heidi y parece dispuesta a contarnos sus aventuras helvéticas desde el “Meryone en Helvecia”. Y no sabéis lo que me alegra.

Y, por otra parte, un viejo amigo ha decidido tirarse al río y, hoy mismo, ha iniciado un blog: “Áteme esa mosca por el rabo”. Por lo que me ha explicado, pretende que le sirva de lugar de reflexión sobre un tema que últimamente le obsesiona: la cultura. Como además ha elegido citar mi viejo “El Ovillo de Nadna” en su entrada inaugural, comprenderéis que es para mí un honor y un placer presentároslo.

Y, además, no es feo.

¡No he sido yo!



Al parecer los dioses de la informática, la internáutica y el bloguerío han decidido castigarme por mis múltiples pecados y han destruido la lista de los blogs que sigo.

Tal cual.

Solo figura uno – que está inactivo desde hace seis años, todo sea dicho – y, cuando me atrevo a añadir algún otro me dicen que sí, que guarde y aguarde, que cuando vuelva a mirar volverá a figurar el tal uno inactivo.

Lo mismo ocurre si elimino la lista completa – el gadget, me apuntan – y creo una nueva. La lleno tan ricamente y, a la hora de la verdad, aparece solo aquel tan inactivo como enquistado. Aunque no lo haya añadido.

O sea, que os he perdido a la mayoría. Pero aguantad. Allá donde estéis. Que estoy viniendo al rescate. Que ya me he puesto en contacto con el curandero del pueblo y me ha dicho que esto está arreglado con un par de imposiciones de manos.
Related Posts Widget for Blogs by LinkWithin