Una de Borges (y de Montaigne)

(...) me referiré a Montaigne, que dedica uno de sus ensayos al libro. En ese ensayo hay una frase memorable: "No hago nada sin alegría". Montaigne apunta a que el concepto de lectura obligatoria es un concepto falso. Dice que si él encuentra un pasaje difícil en un libro, lo deja; porque ve en la lectura una forma de felicidad.

(...) Yo diría que la literatura es también una forma de la alegría. Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Por eso considero que un escritor como Joyce ha fracasado esencialmente, porque su obra requiere un esfuerzo.

Un libro no debe requerir un esfuerzo, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. Pienso que Montaigne tiene razón.

"El libro", coferencia de Jorge Luis Borges publicada posteriormente, junto a otras, en "Borges oral".

La gimnasia y la magnesia.

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Y sí: le han dado el Nobel de Literatura a Vargas-Llosa. Personalmente no puedo juzgar la justicia de tan alto otorgamiento porque mi relación con el premiado no pasa del sufrimiento de la lectura de "La guerra del fin del mundo", el disfrute de la de "La fiesta del chivo", el interés de una conferencia en la Juan March y el olvido de algún artículo periodístico. Pobre bagaje para opinar, desde luego. Aunque tampoco mucho mayor parece el de muchos de los opinadores profesionales que pueblan radios, diarios y demás media, que sí que se han atrevido - y mucho - a regalarnos con sus deposiciones.
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Al respecto, lo primero que me ha sorprendido - es un decir - es la profunda y mayoritaria animadversión que ha producido la concesión de este premio a este escritor. Al menos en el minúsculo territorio en el que me ha tocado vivir por ahora. Reiteradamente lo han tachado de señorito reaccionario, de político de derechas, opresor de lenguas minoritarias... Olvidando - o queriendo olvidar - que se le había otorgado un premio de literatura por su actividad como escritor, no el Nobel de la Paz, mucho más político, o el Nobel al Tío Más Simpático. No he encontrado, en cambio, ni una sola crítica al valor de su obra, que fundamentara el repudio a la decisión de la Academia Sueca.
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Más sorprendente ha sido, si cabe, la reacción de los defensores del premiado. En vez de señalar precisamente esa verdad de Perogrullo, de resaltar lo importante de su obra, de su trascendencia, o señalar que nada tienen que ver las ideas políticas o el estilo de vida de un artista con el valor de su obra - excepto en casos extremos: jamás leería el "Mein Kampf" aunque fuese el mejor libro de la Historia, claro -, se han dedicado a puntualizar que sí, que es de derechas, pero con una gran consciencia social, y muy culto, y viajado, y agradable en el trato, y hasta algo excéntrico, que se casó primero con una tía política y luego con una prima... ¡Fíjense!
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Y ahí es donde me huele a chamusquina. Porque puedo entender que los detractores se aferren a motivos espurios para deslucir al premiado, ya que no parece haber razones puras desde un punto de vista estricto. Pero que quienes creen que tal premio es justo, en vez de acudir a esas razones puras, recurran a rebatir las críticas con alegaciones igualmente ridículas, no puede ser fruto de la mera casualidad - que no existe, insisto - y mucho me temo que no es más que otra señal de los tiempos en que vivimos. Y es que nos están acostumbrando a la desaparición del más mínimo criterio crítico, del desarrollo de un discurso inteligible, de la razón, el pensamiento, del análisis. Pronto dará lo mismo que se confunda la gimnasia con la magnesia porque todo dará lo mismo.
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Supongo que la pregunta es quién sale beneficiado con toda esta confusión. O, mejor, lo que interesa es la respuesta.
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Una última mirada: la foto que encabeza ilustraba un artículo hagiográfico, como señal del compromiso social de Vargas Llosa. Tan solo basta una ojeada para comprobar, de nuevo, la impostura. El clochard - en expresión de Cortázar - ocupa la parte izquierda del banco, las manos recogidas, sí, pero las piernas abiertas cómodamente, el gabán desparramado tomando posiciones hacia el centro del asiento; el escritor, por su parte se escora hacia la derecha todo lo que la elegancia le permite, su hombro izquierdo ya fuera del respaldo, con las piernas cruzadas y el ceño que se pregunta cuánto tardará el maldito fotógrafo en hacer la maldita foto y si no había un banco más largo... ¿Era necesario?
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Una de Martí i Pol o el estado de la situación.

Ara mateix
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Ara mateix enfilo aquesta agulla
amb el fil d'un propòsit que no dic
i em poso a apedaçar. Cap dels prodigis
que anunciaven taumaturgs insignes
no s'ha complert, i els anys passen de pressa.
De res a poc, i sempre amb vent de cara,
quin llarg camí d'angoixa i de silencis.
I som on som; més val saber-ho i dir-ho
i assentar els peus en terra i proclamar-nos
hereus d'un temps de dubtes i renúncies
en què els sorolls ofeguen les paraules
i amb molts miralls mig estafem la vida.
De res no ens val l'enyor o la complanta,
ni el toc de disciplent melanconia
que ens posem per jersei o per corbata
quan sortim al carrer. Tenim a penes
el que tenim i prou: l'espai d'història
concreta que ens pertoca, i un minúscul
territori per viure-la. Posem-nos
dempeus altra vegada i que se senti
la veu de tots solemnement i clara.
Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!
que tot està per fer i tot és possible.
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Miquel Martí i Pol
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Sabido es que todo está ya escrito por otros y mejor de lo que quien suscribe pudiera hacerlo por mucho que viviera. Todo. Incluso lo que acontece en mi humilde día a día. Sobran, por tanto, hasta estas breves palabras, que explican que ese poema retrata exactamente el estado actual de la situación.
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