¿Cadena perpetua?


Hoy tenía que solventar un problema trivial y acuciante del trabajo alimenticio que tanto me ocupa y tan poco debería importarme. Anoche dormí poco, pero soñé con la Irlanda de Böll. Antes de amanecer ya estaba en la mesa colapsada de papeles. Tarareando, aunque no me he dado cuenta de que lo hacía hasta que, entrada la mañana, cuando parecía que el problema iba a salir victorioso sobre mis esfuerzos, alguien ha hecho un comentario fastidiado sobre mi indiferencia al respecto.

¿Indiferencia? Quizás sí, aunque mis palpitaciones o el agobio de los últimos días parecieran descartarla y me temo que sonaba más a una de esas conexiones a las que tiende mi hipotálamo.

Ahora que todo ha pasado y la victoria ha caído de mi lado, reconozco la tonada. Imaginadme con las piernas estiradas y los pies cruzados sobre la mesa, las manos tras la nuca. Imaginad que suenan las notas de la "Canzonetta sull'aria" de "Le nozze de Figaro", de Wolfgang Amadeus Mozart:




Tendré que plantearme, no obstante, por qué llevo todo el día pensando en una escena de una película carcelaria.

Shock

Se muerde los labios, las uñas hundidas en la piel estremecida y líquida, sin advertir los fosfenos que explotan tras los párpados apretados al ritmo sincopado de sus gemidos.





Y no sabemos – no sabe – si lo que espera es la culminación del sexo o del terror.

¿Dónde?




- Una mujer desnuda y en lo oscuro -

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

Mario Benedetti

No debería tomarse esta mirada como un insignificante homenaje a Benedetti o como un pobre intento de señalar su muerte en mi calendario personal (con retraso, además), porque debo confesar que tales ejercicios me harían caer en una impostura incómoda ya que parecería encuadrarme entre las legiones de sus lectores. Y no es el caso. Yo a Benedetti lo he leído muy poco. Más bien lo oí mucho durante una época en la que pasaba muchas horas conduciendo y alguien me regaló un disco en el que contaba (que no parecía leer) algunas de sus relatos cortos. Eso, lo admito, creó un cierto vínculo íntimo entre nosotros, pero no lo suficiente como para convertirlo en uno de mis escritores favoritos. De injusticias está el mundo lleno.

Yo, insisto, a Benedetti lo he leído poco, pero por una de esas coincidencias jungianas a las que estoy empezando a acostumbrarme, una de las pocas cosas que he leído y puedo identificar como suya es el poema que antecede. La coincidencia radica en que es el texto que Ossip ha elegido para comentar a Meryone y que Meryone ha tenido a bien desplegar ante mí y para mí. Entre ambos momentos yo he repetido el juego de palabras que se me ocurrió cuando lo leí por primera vez (y que lo fijó en eso que llamo mi memoria): ¿Dónde dice que tiene una claridad?

No debería tomarse esta mirada por lo que no es, pero sí como un humilde guiño de consuelo para aquellos que sí están un poco más tristes porque Benedetti se murió.

¿De qué otra manera cabe?


" - Els amants –

La carn vol carn
Ausiàs March

No hi havia a València dos amants com nosaltres.

Feroçment ens amàvem des del matí a la nit.
Tot ho recorde mentre vas estenent la roba.
Han passat anys, molts anys; han passat moltes coses.
De sobte encara em pren aquell vent o l’amor
I rodolem per terra entre abraços i besos.
No comprenem l’amor com un costum amable,
Com un costum pacífic de compliment i teles
(i que ens perdoni el cast senyor López-Picó).
Es desperta, de sobte, com un vell huracà,
I ens tomba en terra els dos, ens ajunta, ens empeny.
Jo desitjava, a voltes, un amor educat
I en marxa el tocadiscos, negligentment besant-te,
Ara un muscle i desprès el peçó d’una orella.
El nostre amor és un amor brusc i salvatge,
I tenim l’enyorança amarga de la terra,
D’anar a rebolcons entre besos i arraps.
Què voleu que hi faça! Elemental, ja ho sé.
Ignorem al Petrarca i ignorem moltes coses.
Les Estances de Riba i les Rimas de Bécquer.
Després, tombats en terra de qualsevol manera,
Comprenem que som bàrbars, i que això no deu ser,
Que no estem en l’edat, i tot això i allò.

No hi havia a València dos amants com nosaltres,
Car d’amants com nosaltres en són parits ben pocs”

Del “Llibre de maravelles”, de Vicent Andrés Estellés.

Fue una cita escondida en un resquicio de un párrafo del “Der Zauberberg” la que me provocó la sonrisa de un recuerdo. Mi memoria es lo mala que es, pero el verso favorito de un poema preferido de juventud no se olvida y, además, ahora mi vida vuelve a ser algo más sencilla, así que no tuve más que buscar en la estantería el lomo rojo del librito que lo contiene para reencontrarlo.

¿Reencontrarlo? No exactamente. Una pregunta íntima acompañaba siempre a este poema: ¿De qué otra manera cabe? De qué otra manera se puede amar si no como describe el poeta. Pero era una pregunta joven, de cuando todo parece permanente, inmutable. Puede que haga más de quince años que no volvía a leerlo íntegro, detenidamente y quince no es nada pero son muchos: tantos como para que tenga respuesta a aquella pregunta de juventud; los suficientes para que el poema tenga ahora una intensidad y una profundidad que desconocía entonces. Habla de amor, sí, pero más de la proeza de mantener la pasión, de lo justo del orgullo de haberla mantenido.

Cécile


Aviso a navegantes y lectores:

Lo que sigue bien podría ser un relato corto per se, pero en realidad es el duodécimo y último capítulo del "Bonjour Tristesse" de Françoise Sagan. Queda dicho para aquellos que tengan ésta como una lectura pendiente y consideren todavía que la anécdota que explica una novela no es un elemento absolutamente prescindible y trivial de la obra literaria. En otras palabras: ojo, que si seguís leyendo sabréis cómo acaba.



El entierro se celebró en París con un hermoso sol, una multitud curiosa, vestidos de luto. Mi padre y yo estrechamos la mano a viejas parientas de Anne. Las miré con curiosidad: seguramente habrían venido a tomar el té a casa una vez al año. Todos miraban a mi padre con lástima… Webb debía de haber corrido la noticia de la boda. Vi a Cyril que me buscaba a la salida. Lo evité. El sentimiento de rencor que experimentaba hacia él era totalmente injustificado, pero superior a mis fuerzas… La gente a nuestro alrededor deploraba el estúpido y espantoso suceso y, como yo albergaba mis dudas sobre el carácter accidental de aquella muerte, sentía cierta satisfacción.

En el coche, a la vuelta, mi padre me cogió la mano y la apretó en la suya. Yo pensé: “Sólo me tienes a mí y yo solo te tengo a ti, estamos solos y somos desgraciados”, y, por primera vez, lloré. Eran lágrimas bastante agradables, no se parecían en nada a aquel vacío, aquel terrible vacío que sintiera en la clínica ante la litografía de Venecia. Mi padre me alargó el pañuelo, sin decir palabra, con la cara descompuesta.

Durante un mes vivimos ambos como un viudo y una huérfana, comiendo y cenando juntos, y sin salir jamás. Hablábamos un poco de Anne de cuando en cuando: “Recuerdas aquel día que…”. Hablábamos de ella con precaución, sin mirarnos, por temor a lastimarnos o que se disparase algo en alguno de nosotros que llevase a pronunciar palabras irreparables. Tales prudencias y dulzuras recíprocas tuvieron su recompensa. Pronto pudimos hablar de Anne con un tono normal, como de un ser querido con quien hubiéramos sido felices y a quien Dios había llamado a su seno.

Escribo Dios en vez de azar. Pero no creíamos en Dios. Bastante suponía en tales circunstancias creer en el azar.

Hasta que un día, en casa de una amiga, conocí a un primo suyo que me gustó y a quien gusté. Salí con él durante una semana con la frecuencia e imprudencia de los comienzos del amor, y mi padre, poco hecho para la soledad, hizo lo propio con una joven bastante ambiciosa. La vida volvió a ser como antes, como estaba previsto que volviera a ser. Cuando nos vemos, mi padre y yo nos reímos, hablamos de nuestras conquistas. Seguro que le consta que mis relaciones con Philippe no son platónicas, y a mí me consta que su nueva amiga le sale muy cara. Pero somos felices. El invierno toca a su fin, no alquilaremos la misma casa, sino otra, cerca de Jean-les-Pins.

Pero cuando estoy en la cama, al amanecer, sin más ruido que el tráfico de París, a veces me traiciona la memoria: vuelve el verano con todos los recuerdos. ¡Anne, Anne! Repito ese nombre muy quedo y durante mucho rato en la oscuridad. Entonces algo sube por mi interior y lo recibo llamándolo por su nombre, con los ojos cerrados:

Buenos días, Tristeza.

Buenos días Tristeza” de Françoise Sagan.

Dos de Wan Wei


Todo lo que hay en el mundo es como un sueño;
Enloquezco y me canto a mí mismo, quizás.
Pregunto los años que suman los viejos pinos,
Muchos bosques de bambú me son país, refugio.
Le digo a Han Kang que me venda las hierbas medicinales,
Al maestro Xiang le permito que atraviese mi portal.
Tumbado en la estera, con el cojín, me sorprende una sospecha:
Si lo que veo no existe, ¿Por qué son blancas las nubes?


- poema casual –

Me he hecho viejo; me da pereza escribir poesía.
Ahora es la vejez mi única compañía.
Equivocadamente, fui poeta en otra vida,
Encarnado en un tiempo lejano, pude ser pintor.
No puedo rechazar las costumbres que me quedan.
Por azar me conocen los hombres de este mundo.
Mi nombre y apellido son, es cierto, auténticos.
Todavía nada sabe, nada sabe mi corazón.


Algunos tramos del segundo poema los podría haber suscrito Borges, pero en realidad lo escribió (o algo parecido, esto es una traducción de una traducción) Wan Wei, que fue poeta, pintor, filósofo, político, mil doscientos años antes de que naciera aquel.

El último verso del primer poema siempre me ha parecido uno de los mejores y más bellos planteamientos de una duda fundamental.

¿Dijiste Rock?

All we ever wanted was everything,
all we ever got was cold.
Get up, eat jelly, sandwich bars and barbed wired;
squash every week into a day.
Oh!
The sound of the drum is calling.
The sound of the drum has called!
Flashing views shout out of darkness.
Factory town.
Oh, to be the cream!
Oh, to be the cream!..

"Al we ever wanted" de Bauhaus.



Deja pasar el tiempo suficiente, permite que ocurran los acontecimientos de media vida y no habrá nada más clásico que un tema de rock. Que ese tema de rock (aunque la versión del disco sea mejor).

Y el miedo a mi propia muerte desapareció

Pie Iesu Domine
dona eis requiem,
dona eis requiem.
Dona, oh dona, Domine,
dona eis requiem,
sempiternam requiem,
sempiternam requiem,
sempiternam requiem...
me cantó Lucia Popp (una de mis muertas favoritas).




"Pie Iesu", del "Requiem" de Gabriel Fauré.
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